“La farmacia comunitaria puede convertirse en el mejor sensor para detectar precozmente riesgos de salud mental”

“La farmacia comunitaria puede convertirse en el mejor sensor para detectar precozmente riesgos de salud mental”

Entrevista a Julio Zarco, presidente de la Fundación Humans y profesor de Psiquiatría y Psicología Médica (UCM).

“La farmacia comunitaria puede convertirse en el mejor sensor para detectar precozmente riesgos de salud mental”

Escrito porRedacción MF

Publicado: 29 April 2026

La farmacia comunitaria es el lugar donde comienza la humanización en la atención sanitaria a los pacientes. El contacto recurrente, el conocimiento profundo de la persona y la identificación temprana de los posibles síntomas que puedan desentrañar un trastorno depresivo marcan la diferencia en una patología muy prevalente en España, con alrededor de 3 millones de personas diagnosticadas.

Por tanto, la depresión es, junto a la ansiedad y el estrés, uno los principales trastornos mentales que padece la población a nivel nacional. De ahí la importancia de humanizar la atención. Una misión que lleva a cabo la Fundación Humans, dedicada a lograr una relación más amable y cercana entre profesionales y pacientes en todos los ámbitos sanitarios. Su presidente, Julio Zarco, profesor de Psiquiatría y Psicología Médica en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), explica en Mundo Farmacéutico el papel de la farmacia en el abordaje de esta patología.

La farmacia comunitaria es el primer punto de contacto sanitario para muchos ciudadanos. ¿Qué papel tiene en la detección y acompañamiento de pacientes con síntomas depresivos?

Como establecimiento sanitario que es, y dirigido por profesionales sanitarios, tiene en la atención farmacéutica una importante misión a la hora de la detección precoz de los síntomas depresivos. La cantidad de ciudadanos que acuden a la farmacia por múltiples motivos representa un universo de la población en la cual realizar un despistaje (screening) de los principales signos de depresión. Por ello, la farmacia es un lugar importante para el diagnóstico precoz de este tipo de trastornos.

"La cantidad de ciudadanos que acuden a la farmacia representa un universo de la población en la cual realizar un despistaje de los principales signos de depresión"

¿Cómo contribuye la humanización de la atención a mejorar la salud mental y el abordaje de la depresión, especialmente en pacientes vulnerables o en riesgo?

La farmacia comunitaria se convierte realmente en un detector de todas aquellas cuestiones sensibles y críticas en pacientes vulnerables. Es el farmacéutico quien detecta la soledad no deseada o a un paciente con fragilidad, por ejemplo, puesto que en muchas ocasiones la persona acude a la farmacia en busca de algún consejo, un fármaco u otra cuestión concreta. Y la detección de estas situaciones de vulnerabilidad dependerá de la destreza, la habilidad y la sensibilidad que tenga el farmacéutico, por lo que su labor es muy importante. Al ser el primer profesional que detecta, muchas veces, posibles situaciones de riesgo, el farmacéutico es la voz de alarma, el que hace un llamamiento al resto de los dispositivos sanitarios para que aborden de una manera integral la atención de estas personas. Por ello, la farmacia comunitaria se convierte en un eslabón importante de coordinación.

¿Cuál es el rol que ejerce la farmacia comunitaria en la humanización?

Es la que está más cerca del ciudadano, más a pie de calle que un centro de salud o un hospital, en muchas ocasiones, y por ella pasa una gran cantidad de personas. Además, el farmacéutico suele tener un importante conocimiento personal de ese vecino que acude de manera regular a su establecimiento. Y una persona que padezca una patología, en este caso un trastorno depresivo, suele entrar en la farmacia precisamente por su enfermedad u otras causas que hacen que pida o solicite ayuda al farmacéutico.

La humanización tiene que ver las actitudes y aptitudes que adopta el farmacéutico con sus pacientes. También las infraestructuras de la farmacia deben ser las adecuadas para garantizar privacidad, dignidad y humanización. Además, está la atención farmacéutica, que debe ser cuidada, integrada y centrada en la persona. Por tanto, la farmacia comunitaria debe guardar los mismos principios de la humanización que un centro de salud o un hospital, salvando las distancias, lógicamente, pues los procesos y las estructuras son muy diferentes.

La soledad no deseada y la fragilidad social son factores de riesgo en salud mental. ¿Cómo puede actuar el farmacéutico para identificar y acompañar a estas personas?

La aplicación de los principios humanos a las personas que sufren depresión es muy importante, al igual que en el resto de patologías. La única diferencia es que las personas que padecen depresión son más frágiles y vulnerables, por lo que hay una serie de cuestiones más críticas que hay que diagnosticar y tener en cuenta desde la farmacia.

La humanización, el abordaje y tratamiento de las personas con depresión no sólo consiste en dar con la molécula adecuada, sino que hay otras circunstancias del ecosistema sociosanitario que debemos considerar: actitudes, infraestructuras, abordaje integral, coordinación entre profesionales y entorno del paciente y de la familia.

"Las personas que padecen depresión son más vulnerables, por lo que hay una serie de cuestiones críticas que hay que tener en cuenta desde la farmacia"

La humanización también implica cuidar al profesional. ¿Qué papel tiene la formación sobre competencias emocionales y comunicación para los farmacéuticos en el acompañamiento de los pacientes con depresión?

Las llamadas competencias relacionales son fundamentales para cualquier profesional sanitario. Y el farmacéutico, como sanitario que tiene una atención directa hacia la persona, tiene que trabajar la comunicación verbal, la no verbal, la empatía, la compasión, la asertividad, el mensaje y el lenguaje que se utiliza.

Dependiendo de la destreza, habilidad y competencia a la hora del desempeño de estas habilidades, el abordaje del farmacéutico será más integral y eficaz. Se podrá tener una entrevista mucho más profunda con el paciente y alcanzar un conocimiento y una información que de otra manera sería más complicado obtener. Estas habilidades son cruciales en el farmacéutico comunitario, porque está tratando con muchas personas. Y en aquellas que padecen trastornos mentales, es mucho más crítica una adecuada utilización de estas competencias relacionales, por lo que el farmacéutico debe tener un buen entrenamiento en ellas.

La atención a la depresión requiere un trabajo coordinado. ¿Cómo es la colaboración entre atención primaria, hospitalaria y farmacia comunitaria en el abordaje de estos pacientes? ¿Qué puntos de mejora existen en este sentido?

La farmacia comunitaria puede convertirse en el mejor sensor, por la cercanía a la población, al estar más incardinada en el tejido social, para detectar precozmente determinados signos o síntomas, así como la vulnerabilidad y la fragilidad. Hay que establecer programas estratégicos específicos para la detección de estas situaciones de posible riesgo de salud mental. Además, se debería integrar en la atención primaria y los hospitales toda esa información que el farmacéutico comunitario puede obtener. Esto es fundamental para garantizar que la población, acuda donde acuda, sea centro de salud o farmacia, pueda tener un abordaje coordinado y haya un trabajo conjunto. Pero queda todavía mucho por hacer lograr esa coordinación y esos programas específicos de detección precoz.

"Hay que establecer programas específicos de detección precoz y lograr la coordinación entre farmacia, atención primaria y hospitales"

¿Qué líneas estratégicas considera prioritarias para incorporar plenamente a la farmacia comunitaria en los programas de humanización y salud mental del sistema sanitario?

Es muy importante que en el primer establecimiento sanitario que pisa un ciudadano, como es la farmacia, garanticemos unos mínimos principios de humanización. En primer lugar, se debería asegurar la formación del farmacéutico comunitario en humanización. En segundo lugar, deberíamos establecer unos criterios y estándares mínimos que garantizan que estos establecimientos tienen unos criterios de humanización, no solamente en las actitudes de los profesionales, sino también en las infraestructuras. Y, por último, sería necesaria una atención integral de la atención farmacéutica donde los principios del humanismo fueran básicos. Queda mucho por hacer; hay que establecer procedimientos y programas específicos de humanización para la atención farmacéutica y la farmacia comunitaria.