Chapuzones sin sobresaltos: pautas del farmacéutico frente al cloro de las piscinas

Chapuzones sin sobresaltos: pautas del farmacéutico frente al cloro de las piscinas

Cada verano aumentan las consultas sobre irritaciones tras sumergirse, pero los consejos desde la farmacia ayudan a prevenir problemas.

Chapuzones sin sobresaltos: pautas del farmacéutico frente al cloro de las piscinas

Escrito porRedacción MF

Publicado: 11 d’agost 2026

Durante el verano las piscinas ocupan un lugar protagonista y, debido a ello, en la farmacia comunitaria se producen consultas de pacientes sobre diversas molestias físicas tras el baño. Muchas de ellas están relacionadas con la exposición al cloro, aunque otras responden a factores propios del entorno de las piscinas. Sin embargo, conviene recordar que este desinfectante cumple una función esencial: mantiene el agua libre de microorganismos y reduce el riesgo de sufrir infecciones. El papel del farmacéutico consiste en ayudar al paciente a disfrutar de la piscina con unas pautas sencillas que minimicen los efectos de este elemento sobre el organismo.

Los ojos son una de las zonas del cuerpo que más acusan el contacto con el agua clorada. Tras tomar baños prolongados suelen aparecer escozor, irritación o sensación de sequedad, sobre todo cuando el agua no mantiene un equilibrio adecuado entre el cloro y el pH. Si el paciente utiliza lentes de contacto la recomendación desde la farmacia comunitaria cobra aún más valor, ya que bañarse con ellas puestas facilita que microorganismos presentes en el agua queden adheridos a la lente y hasta provoquen infecciones oculares de gravedad. Usar gafas de natación, quitarse las lentillas durante el baño y consultar con un especialista ante dolor, visión borrosa o enrojecimiento persistente son recomendaciones que conviene reforzar desde el mostrador.

La piel también puede resentirse. El cloro elimina parte de los lípidos que forman la barrera cutánea y puede favorecer la sequedad, el picor o la irritación, sobre todo en personas con dermatitis atópica, piel sensible o psoriasis. Resulta aconsejable que estos pacientes limiten el tiempo de baño, se duchen con agua dulce al salir de la piscina para retirar los restos de cloro y se apliquen un producto hidratante que les ayude a recuperar esa función de barrera.

Asimismo, el cabello acusa la combinación de cloro y radiación solar. La fibra capilar pierde hidratación y aumenta la fragilidad, mientras que el pelo teñido puede perder brillo o alterar su color. Aclarar la cabeza con agua dulce tras el baño, utilizar mascarillas o acondicionadores nutritivos y recurrir a protectores capilares cuando la exposición sea prolongada son medidas fáciles de incorporar a la rutina estival.

Las visitas a la piscina también incrementan el peligro de infección en las uñas: no por el cloro, sino por los ambientes cálidos y húmedos que favorecen la proliferación de hongos. Caminar descalzo por duchas y vestuarios o mantener los pies húmedos durante mucho tiempo facilita la onicomicosis. Desde la farmacia conviene insistir en que las personas utilicen chanclas, se sequen entre los dedos de los pies y consulten a un médico cuando existan signos de afectación avanzada.

En definitiva, el verano ofrece numerosas oportunidades para promover hábitos saludables desde la farmacia comunitaria. Explicar qué efectos puede producir el cloro y cómo prevenirlos permite resolver dudas frecuentes y evitar problemas que, en muchos casos, tienen una solución sencilla. Un consejo personalizado convierte la dispensación en una ocasión para reforzar el papel asistencial de la farmacia y ayudar a disfrutar de la piscina con mayor seguridad.