Qué comer cuando tienes llagas en la boca o la garganta - mundofarmaceutico
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Qué comer cuando tienes llagas en la boca o la garganta
Elegir alimentos blandos, cuidar la temperatura de las comidas y evitar determinados productos ayuda a reducir la irritación y a mantener una alimentación adecuada mientras desaparecen las lesiones.
Escrito porRedacción MF
Publicado: 16 septembre 2026
Las llagas o aftas son pequeñas lesiones que pueden aparecer en diferentes zonas de la boca, como la lengua, las encías, el interior de las mejillas o los labios. Cuando las tenemos, algo tan simple como comer puede resultar incómodo. Algunos alimentos escuecen, otros rozan la zona afectada y hasta la temperatura de la comida puede ser algo doloroso o molesto. Durante unos días, adaptar lo que comemos y la forma de prepararlo puede ayudar a reducir las molestias y facilitar que sigamos alimentándonos con normalidad.
Alimentos blandos y fáciles de tragar
Cuando masticar o tragar resulta incómodo, conviene elegir preparaciones de textura suave. Los alimentos cocinados, triturados o con suficiente humedad suelen tolerarse mejor. Por ejemplo, algunas opciones pueden ser:
- Purés y cremas de verduras.
- Yogur natural y otros lácteos de textura suave.
- Huevos revueltos, cocidos o en tortilla.
- Pescado tierno y bien cocinado.
- Pasta o arroz bien cocidos, acompañados de una salsa suave que facilite la deglución.
- Avena cocida.
- Compotas de fruta poco ácida.
- Quesos frescos y blandos.
- Sopas y caldos, siempre que no estén demasiado calientes, pues una temperatura elevada puede aumentar el dolor y la irritación.
También se pueden modificar platos habituales para hacerlos más fáciles de comer. Por ejemplo, triturar las verduras, desmenuzar bien la carne o el pescado, añadir una salsa suave a los alimentos secos o cortar la comida en trozos pequeños.
Alimentos que conviene evitar
Mientras haya llagas o irritación, es mejor limitar aquellos alimentos que puedan aumentar el dolor o irritar todavía más la zona:
- Alimentos ácidos: cítricos como naranja, limón o mandarina, además de piña, tomate, vinagre y algunos zumos. Su acidez puede provocar escozor al entrar en contacto con la lesión.
- Comidas picantes o muy condimentadas: guindilla, pimienta, salsas picantes y condimentos intensos pueden aumentar la sensación de quemazón.
- Alimentos muy salados: un exceso de sal puede resultar especialmente molesto cuando hay heridas en la mucosa de la boca.
- Alimentos duros o crujientes: tostadas, patatas fritas, frutos secos, galletas duras o cereales secos pueden rozar las llagas y aumentar el dolor.
- Comidas muy calientes: las temperaturas elevadas pueden irritar una zona que ya está sensible. Es preferible esperar a que los platos se templen.
- Bebidas alcohólicas: pueden aumentar la irritación y la sequedad de la mucosa mientras las lesiones están presentes.
No todas las personas reaccionan igual. Si un alimento provoca escozor o dolor, aunque no esté entre los anteriores, lo más recomendable es evitarlo temporalmente hasta que la zona se haya recuperado.
Comer poco y más veces puede ayudar
Cuando cada comida resulta molesta, enfrentarse a un plato grande puede hacer que se termine comiendo menos de lo necesario. Repartir la alimentación en varias tomas pequeñas a lo largo del día puede resultar más cómodo.
Por su parte, la hidratación también merece atención. El dolor puede hacer que algunas personas reduzcan el consumo de líquidos. Beber pequeños sorbos con frecuencia ayuda a mantener una hidratación adecuada. El agua fresca suele ser una de las opciones mejor toleradas.
Además, si una lesión en la garganta dificulta mucho la ingesta, los alimentos líquidos o semilíquidos pueden facilitar temporalmente las comidas. Aun así, es importante intentar mantener una dieta variada y suficiente siempre que sea posible.
Cómo cuidar la zona afectada
Mantener una buena higiene bucal ayuda a evitar una mayor irritación. Es recomendable utilizar un cepillo de dientes de cerdas suaves y realizar el cepillado con cuidado, especialmente alrededor de las zonas doloridas.
Desde la farmacia, se puede orientar sobre productos destinados a aliviar las molestias de las llagas, como enjuagues específicos o geles, por ejemplo, el de Farline, que cuenta con ácido hialurónico en su composición para mejorar la cicatrización. Además, también puede detectar situaciones en las que sea conveniente consultar con un médico o dentista.
Aunque las llagas suelen desaparecer en pocos días, conviene prestar atención cuando una lesión no mejora, dura más de dos o tres semanas, aparece de forma recurrente o se acompaña de otros síntomas. También es recomendable consultar si el dolor dificulta de manera importante comer o beber. En estos casos, identificar la causa permite valorar el tratamiento más adecuado.