Sarcopenia y enfermedades reumáticas: qué hacer desde la farmacia - mundofarmaceutico
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Sarcopenia y enfermedades reumáticas: qué hacer desde la farmacia
Hasta un 45% de los pacientes con reúma puede presentar pérdida de masa y potencia muscular, un riesgo ante el que la farmacia puede ayudar a actuar.
Escrito porRedacción MF
Publicado: 09 octobre 2026
En ocasiones, la sarcopenia aparece asociada a patologías como el reúma por la combinación de inflamación, dolor, fatiga, inactividad, alteraciones nutricionales y el uso prolongado de glucocorticoides. Además, los estudios recogidos en el proyecto Reumafit de la Fundación Española de Reumatología (FER) sitúan entre el 4% y el 45% la proporción de pacientes reumáticos con algún grado de pérdida muscular.
En este sentido, la farmacia puede convertirse en un punto de detección de señales de alerta. Debilidad, caídas, pérdida de peso, fatiga muscular o dificultad para andar justifican preguntar al paciente por su situación funcional. El cuestionario SARC-F de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) permite realizar un cribado para valorar el riesgo mediante cinco aspectos: fuerza, caminar, levantarse de una silla, subir escaleras y caídas. Una puntuación de 4 o más indica riesgo elevado y debe conducir a una valoración médica.
Cuando el paciente sufre dolor es habitual que reduzca su actividad por miedo a empeorar. Sin embargo, esa inactividad puede fomentar el deterioro muscular. Caminar aporta beneficios y forma parte de una vida activa, pero el trabajo de fortalecimiento debe ocupar un lugar central ante el riesgo de sarcopenia. Pesas, bandas elásticas o ejercicios con el propio peso permiten trabajar la fuerza, la potencia y la resistencia muscular.
La recomendación desde el mostrador debe adaptarse a cada persona con enfermedad reumática. Ante el riesgo de sarcopenia, Reumafit recomienda priorizar los ejercicios de fortalecimiento, sin olvidar la actividad aeróbica. En mayores de 65 años sugiere incorporar ejercicios para mejorar el equilibrio.
La alimentación es el segundo gran aspecto a abordar. Una dieta adecuada debe aportar proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales. En personas con sarcopenia, la alimentación debe prestar especial atención al aporte de proteínas de calidad, presentes en alimentos como pescado, huevos, legumbres, carnes magras y algunos lácteos.
El déficit de vitamina D también se relaciona con debilidad muscular y mayor riesgo de caídas. Por eso, la alimentación y, cuando proceda, la valoración de posibles déficits forma parte del abordaje nutricional. Desde la farmacia se pueden identificar hábitos nutricionales inadecuados, orientar sobre alimentación y señalar cuándo es necesario consultar con un médico o con un profesional de la nutrición. A su vez, se puede recordar que los suplementos no deberían sustituir a una alimentación adecuada ni convertirse en la primera respuesta ante una sospecha de sarcopenia.
Menos movimiento, dolor y pérdida de músculo pueden generar un ciclo difícil de modificar; así que detectar esas carencias pronto permite actuar sobre los diferentes elementos. Preguntar, identificar señales de alerta, reforzar el ejercicio de fuerza, revisar los hábitos nutricionales y derivar cuando exista riesgo son actuaciones que sitúan a la farmacia junto al paciente antes de que la pérdida de función motora limite su autonomía.