Cólico del lactante: síntomas, causas y señales de alarma

Cólico del lactante: síntomas, causas y señales de alarma

Conocer los indicadores de este síndrome conductual facilita a los farmacéuticos identificar un posible caso para recomendar la consulta pediátrica o proporcionar medidas no farmacológicas.

Cólico del lactante: síntomas, causas y señales de alarma

Escrito porRedacción MF

Publicado: 25 mayo 2026

El cólico del lactante es uno de los motivos de consulta más frecuentes de las madres en la farmacia comunitaria durante los primeros meses de vida del bebé. Este síndrome conductual aparece habitualmente entre el primer y el cuarto mes, y se caracteriza por episodios prolongados de llanto e irritabilidad difíciles de calmar y sin una causa evidente.

Por ello, muchas familias buscan orientación en la farmacia ante una situación que genera preocupación y cansancio, especialmente cuando el malestar del bebé se intensifica al final de la tarde o durante la noche.

En concreto, la mayor intensidad de los episodios suele registrarse entre las cuatro y seis semanas después del nacimiento. A partir de las 12 semanas de vida, el cuadro normalmente comienza a remitir de forma gradual. Aunque los padres suelen relacionar el llanto con molestias digestivas o dolor abdominal, en la mayoría de los casos no existen pruebas claras de una enfermedad orgánica que explique los síntomas.

Desde el punto de vista clínico, el diagnóstico se basa en la presencia de episodios recurrentes de llanto, irritabilidad o quejas en bebés menores de 5 meses, sin fiebre, alteraciones del crecimiento ni otra enfermedad asociada. Además, estos episodios no pueden prevenirse ni resolverse fácilmente por parte de los cuidadores.

Síntomas y causas

Desde la farmacia también es importante identificar signos de alarma que requieren derivación médica. Debe recomendarse consulta pediátrica cuando el bebé presenta dificultades de alimentación, escasa ganancia de peso o un reflejo de succión débil. También es necesario valorar la presencia de vómitos repetidos, ya que estos no forman parte del cólico del lactante.

El cólico del lactante suele provocar una gran inquietud en los padres debido a la intensidad del llanto. Asimismo, muchos bebés muestran gestos faciales que parecen indicar dolor y, en algunos casos, presentan abdomen distendido, gases, enrojecimiento corporal o flexión de las piernas sobre el abdomen. Sin embargo, estos signos por sí solos no indican necesariamente una enfermedad digestiva. De forma habitual, los episodios duran tres o más horas al día y se repiten al menos tres días por semana. La incidencia varía según factores culturales y la percepción familiar, aunque se estima que cerca de cuatro de cada diez bebés presentan cólicos durante los primeros meses de vida.

Entre las posibles causas gastrointestinales se encuentra la alergia a las proteínas de la leche de vaca, aunque solo afecta a un pequeño porcentaje de lactantes. Los especialistas recuerdan que no está justificado cambiar de manera sistemática a fórmulas especiales si no existen otros síntomas compatibles, como diarrea persistente, úlceras orales, mala ganancia de peso o irritación anal. Además, en muchos casos no se trata de una alergia verdadera, sino de una intolerancia transitoria.

Otro factor relacionado es el meteorismo. Durante los primeros cuatro meses, el intestino del lactante no absorbe completamente la lactosa presente tanto en la leche materna como en las fórmulas infantiles, lo que favorece la acumulación de gases. También se ha observado que algunos bebés presentan hipermotilidad intestinal, situación que puede mejorar con ciertos cambios posturales.

A nivel hormonal, algunos estudios apuntan a un aumento de motilina intestinal en determinados lactantes con cólico. También debe valorarse el reflujo gastroesofágico cuando los síntomas empeoran después del cuarto mes o aparecen rechazo al alimento, alteraciones del sueño e irritabilidad tras las tomas.

Acompañamiento, clave

El manejo del cólico del lactante se centra en el acompañamiento familiar. Más del 90% del tratamiento consiste en ayudar a los padres a sobrellevar esta etapa del desarrollo, ya que no existe una cura específica para el cólico como tal.

El farmacéutico puede ofrecer medidas no farmacológicas, que pueden aliviar temporalmente el malestar. El balanceo suave, los sonidos repetitivos, las vibraciones o mantener un ambiente tranquilo suelen ayudar a calmar al bebé, aunque el llanto reaparece con frecuencia al detener estas maniobras.

En algunos casos intensos, el pediatra puede valorar pruebas terapéuticas limitadas para descartar alergia a las proteínas de la leche de vaca. Sin embargo, no existe evidencia sólida de que los tratamientos contra el reflujo reduzcan los episodios de llanto cuando no hay un diagnóstico claro.

Las deposiciones suelen ser normales en estos bebés, por lo que ante la presencia de sangre, mucosidad o diarrea es fundamental derivar al pediatra. Además, algunos expertos recuerdan que ciertos lactantes tienen una sensibilidad aumentada a estímulos ambientales como el ruido, la luz o los cambios constantes de rutina, lo que puede intensificar el llanto y aumentar la ansiedad familiar.