¿Por qué engordamos? Estos son los factores biológicos y los hábitos que influyen en el aumento de peso
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¿Por qué engordamos? Estos son los factores biológicos y los hábitos que influyen en el aumento de peso
Comprender esta naturaleza multifactorial es esencial a la hora de asesorar a los pacientes en estrategias eficaces para el control del peso.
Escrito porMª Dolores Moreno
Consejera de Cofares y miembro del Comité Editorial de Mundo FarmacéuticoPublicado: 10 marzo 2026
El aumento de peso corporal es un fenómeno complejo que no puede explicarse únicamente por la clásica ecuación de “calorías ingeridas frente a calorías gastadas”. Aunque el balance energético sigue siendo un principio fundamental de la fisiología humana, numerosos factores biológicos y ambientales influyen en cómo cada individuo regula su peso. Esto explica por qué algunas personas parecen engordar con facilidad mientras que otras se mantienen delgadas pese a consumir cantidades similares o incluso mayores de alimentos.
Balance energético y metabolismo
En términos fisiológicos, el peso corporal depende del equilibrio entre la energía ingerida y la que el organismo gasta. Cuando la ingesta supera al gasto energético, el exceso se almacena principalmente en forma de triglicéridos en el tejido adiposo.
El gasto energético total está compuesto por tres elementos principales: el metabolismo basal, el efecto térmico de los alimentos y la actividad física. El metabolismo basal representa aproximadamente el 60-70% del gasto energético diario y corresponde a la energía necesaria para mantener funciones vitales como la respiración o la circulación sanguínea. Este metabolismo varía entre individuos en función de factores como la edad, el sexo, la composición corporal y la genética, lo que contribuye a explicar parte de las diferencias en la tendencia a ganar peso.
Genética y regulación del apetito
La predisposición genética también influye en la regulación del peso corporal. Los estudios de heredabilidad estiman que entre el 40 y el 70% de la variabilidad en el índice de masa corporal (IMC) puede estar relacionada con factores genéticos. Entre los genes más estudiados destaca el gen FTO, localizado en el cromosoma 16, asociado con un mayor riesgo de obesidad y con una mayor ingesta energética.
La genética puede influir en múltiples mecanismos, como la regulación del apetito, la preferencia por determinados alimentos o la eficiencia con la que el organismo utiliza la energía. Hormonas como la leptina y la grelina participan en la comunicación entre el tejido adiposo, el sistema digestivo y el sistema nervioso central, regulando las señales de hambre y saciedad. Alteraciones en estos sistemas pueden favorecer un mayor consumo calórico.
Sin embargo, la genética no determina completamente el peso corporal. El estilo de vida puede modular de forma importante esta predisposición.
Hábitos de vida y entorno alimentario
El estilo de vida moderno favorece el aumento de peso en gran parte de la población. La disponibilidad constante de alimentos altamente energéticos, ricos en azúcares y grasas, junto con niveles elevados de sedentarismo, contribuye a crear un entorno que facilita el exceso calórico.
Factores como el tamaño de las raciones, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados o de bebidas azucaradas, así como la privación de sueño, pueden influir en la regulación del apetito. Dormir poco se ha asociado con un aumento de la grelina y una disminución de la leptina, lo que puede favorecer una mayor ingesta de alimentos.
El estrés crónico también puede desempeñar un papel relevante, ya que niveles elevados de cortisol se relacionan con una mayor acumulación de grasa, especialmente a nivel abdominal.
Microbiota intestinal
La microbiota intestinal ha emergido en los últimos años como un posible modulador del metabolismo energético. Los microorganismos del intestino participan en la fermentación de fibras y en la producción de metabolitos que influyen en el metabolismo del huésped.
Algunos estudios han encontrado diferencias en la composición de la microbiota entre personas con obesidad y aquellas con peso normal. Estas diferencias podrían afectar a la capacidad de extraer energía de los alimentos o a la regulación metabólica, aunque la relación causal todavía está siendo investigada.
Actividad física
La actividad física influye en el peso corporal tanto por el gasto calórico directo como por sus efectos sobre la composición corporal. El ejercicio regular contribuye a mantener o aumentar la masa muscular, lo que eleva el metabolismo basal y mejora la sensibilidad a la insulina.
Además, la actividad física puede ayudar a regular el apetito y facilitar el mantenimiento del peso a largo plazo.
Un fenómeno multifactorial
En conjunto, el aumento de peso es el resultado de la interacción entre múltiples factores: genética, alimentación, actividad física, sueño, estrés y microbiota intestinal. Esta complejidad explica la gran variabilidad individual en la respuesta a la dieta y al ejercicio.
Para los profesionales sanitarios, comprender esta naturaleza multifactorial es esencial a la hora de asesorar a los pacientes en estrategias eficaces para el control del peso.
Referencias:
- Hill JO, Wyatt HR, Peters JC. Energy balance and obesity. Circulation. 2012;126(1):126–132.
- Loos RJF, Yeo GSH. The geneticsofobesity. Nature ReviewsGenetics. 2022;23:120-133.
- Turnbaugh PJ et al. Anobesity-associatedgutmicrobiomewithincreasedcapacityforenergyharvest. Nature. 2006;444:1027–1031.
- Taheri S et al. Short sleepdurationisassociatedwithreducedleptin, elevatedghrelin, and increased BMI. PLoS Medicine. 2004;1(3).
- Swift DL et al. The role ofexercise and physicalactivity in weightloss and maintenance. Progress in Cardiovascular Diseases. 2018;61(2):206-213.
María Dolores Moreno es consejera de Cofares y miembro del Comité Editorial de Mundo Farmacéutico.