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Luz roja para dormir: ¿es realmente útil o tiene efecto placebo?

Esta tendencia, que se ha hecho viral en los últimos meses y sobre la que circulan diferentes mitos, podría ayudar a crear un entorno más favorable a la conciliación del sueño.

Mujer en un salón con luz roja

Escrito porRedacción MF

Publicado: 07 abril 2026

El insomnio es un trastorno frecuente en la población general y uno de los motivos habituales de consulta en la farmacia comunitaria. Aproximadamente entre un 20% y un 30% de los adultos podría tener dificultades para dormirse o mantener el sueño, y se estima que alrededor de un 10% sufre insomnio crónico. 

En este sentido, no descansar correctamente impacta de manera directa en la calidad de vida. Además, el estilo de vida moderno no ayuda: la exposición prolongada a pantallas, los altos niveles de estrés y las alteraciones en los ritmos circadianos interfieren negativamente en el descanso. Todo ello ha hecho que sean muchos los que acudan al mostrador buscando soluciones no farmacológicas que ayuden a mejorar la calidad de su descanso.

De este modo, la llamada “luz roja para dormir” ha ganado popularidad en los últimos meses, especialmente tras viralizarse en redes sociales después de que el futbolista Marcos Llorente mostrara su uso como parte de su rutina nocturna. Pero, más allá de la tendencia, ¿qué dice la evidencia?

¿Qué es la luz roja y por qué se relaciona con el sueño?

Para entender cómo afecta la luz roja en el sueño hay que saber que la luz visible se compone de diferentes longitudes de onda. La luz azul, emitida por pantallas y LED blancos, es conocida por su capacidad de inhibir la secreción de melatonina, la hormona más importante en la regulación del sueño. Por el contrario, la luz roja tiene una longitud de onda mayor y, en teoría, interfiere menos en este proceso.

De ahí surge la idea de que sustituir la exposición nocturna a luz blanca o azul por luz roja podría ayudar a crear un entorno más favorable a la conciliación del sueño.

Realidad vs mito sobre la luz roja

El interés creciente por la luz roja como herramienta para mejorar el descanso ha generado numerosas afirmaciones, algunas respaldadas por la evidencia y otras que no cuentan con una base sólida. Para conocer su papel real, conviene diferenciar qué aspectos están sustentados por la ciencia y cuáles responden a ideas erróneas

Realidad:

  • La luz roja es menos disruptiva que la luz azul: diversos estudios han demostrado que la luz roja tiene un impacto menor sobre la supresión de melatonina en comparación con la luz azul, lo que la convierte en una mejor alternativa con el descanso en las horas previas al sueño.
  • Puede formar parte de una buena higiene del sueño: el uso de iluminación cálida o roja puede incluirse dentro de rutinas saludables, sumado a otras medidas como la reducción de estímulos, la regularidad de horarios y la limitación del uso de pantallas.
  • La evidencia en humanos es limitada: aunque algunos estudios preliminares destacan posibles beneficios en contextos concretos, como en deportistas, la evidencia disponible sigue siendo escasa, por lo que no permite hacer recomendaciones generalizadas.

Mito:

  • La luz roja induce el sueño por sí misma: no existe evidencia científica sólida que avale un efecto hipnótico directo. Su posible utilidad está basada en que no interfiere con los mecanismos fisiológicos del sueño, no en que los desencadene.
  • Sustituye tratamientos para el insomnio: en casos de insomnio persistente o crónico, la luz roja no constituye un tratamiento. No reemplaza intervenciones con evidencia como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) ni el tratamiento farmacológico cuando está indicado.

El papel de la farmacia

Desde la farmacia comunitaria se puede desempeñar un papel clave en la interpretación de este tipo de tendencias, dotando a los pacientes que acuden al mostrador de información veraz y contrastada. Ante la creciente demanda de soluciones “naturales” o tecnológicas para el sueño, es importante:

  • Explicar de forma sencilla la fisiología del sueño y el papel de la luz en los ritmos circadianos. 
  • Diferenciar entre medidas de higiene del sueño y tratamientos con evidencia. 
  • Detectar signos de insomnio crónico o trastornos subyacentes que puedan requerir derivación a un especialista. 
  • Orientar hacia hábitos efectivos como la regularidad horaria, reducción de pantallas, ambiente adecuado y manejo del estrés.