El estrógeno modula la percepción del dolor del síndrome del intestino irritable
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Innovación en salud
El estrógeno modula la percepción del dolor del síndrome del intestino irritable
Un estudio ha demostrado que las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir esta patología debido a las hormonas femeninas.
Escrito porRedacción MF
Publicado: 31 marzo 2026
Las mujeres presentan una mayor probabilidad que los hombres de sufrir el síndrome del intestino irritable (SII), según un estudio de la Universidad de San Francisco (UCSF). La investigación pone el foco en el papel de las hormonas femeninas y su influencia directa en la sensibilidad intestinal. Disponer de un contexto hormonal de la paciente permitirá al farmacéutico comunitario identificar los síntomas digestivos recurrentes compatibles con SII.
En concreto, la investigación se centra en el estrógeno, el cual no solo está implicado, sino que además modula la percepción del dolor a través de una compleja interacción celular en el tejido intestinal, según muestran los resultados, publicados en la revista Science. Esta secuencia de eventos biológicos comienza cuando el estrógeno se une a las células L del intestino, conocidas por su función enteroendocrina, desencadenando la liberación del péptido YY (PYY), una hormona que hasta ahora se asociaba principalmente con la regulación del apetito.
Aumento de la percepción del dolor
El PYY actúa sobre células vecinas denominadas células EC, estimulando la liberación de serotonina. Este neurotransmisor activa las fibras nerviosas relacionadas con la percepción del dolor, lo que incrementa la sensibilidad intestinal. En modelos animales, concretamente en ratones hembra, la eliminación de los ovarios o el bloqueo del estrógeno, del PYY o de la serotonina redujo de forma significativa el dolor abdominal intenso.
Este hallazgo redefine el papel del PYY. Aunque anteriormente se había investigado como posible tratamiento para la pérdida de peso, los ensayos clínicos mostraron que su uso generaba importantes molestias gastrointestinales. Ahora se entiende mejor este efecto adverso, ya que el PYY se identifica como un mediador directo del dolor intestinal, una función que no se había descrito con anterioridad.
Además del aumento de PYY, el estrógeno también incrementa los niveles de una molécula denominada Olfr78, un receptor que detecta ácidos grasos de cadena corta, compuestos generados por la microbiota intestinal durante la digestión de ciertos alimentos. Al aumentar la cantidad de Olfr78, las células L se vuelven más sensibles a estos metabolitos. Como consecuencia, estas células se activan con mayor facilidad y liberan aún más PYY, amplificando la señal de dolor. Los investigadores describen este fenómeno como un “doble impacto”. Por un lado, el estrógeno eleva la sensibilidad basal del intestino, y por otro, potencia la respuesta a estímulos derivados de la actividad bacteriana en el colon.
Nuevas posibilidades farmacológicas
Este enfoque abre nuevas posibilidades en el ámbito farmacológico. Los autores de la investigación plantean explorar otros factores hormonales, como la progesterona, y analizar cómo situaciones fisiológicas como el embarazo, la lactancia o el ciclo menstrual pueden influir en la función intestinal y en la percepción del dolor en las mujeres.
A partir de estos datos, el farmacéutico puede ofrecer una atención más personalizada al valorar síntomas digestivos recurrentes compatibles con SII. Asimismo, puede ser importante recomendar hábitos dietéticos que modulen la producción de ácidos grasos de cadena corta, como el control de alimentos fermentables.
El seguimiento farmacoterapéutico también cobra relevancia, especialmente en pacientes que refieren dolor abdominal persistente. Identificar posibles desencadenantes, valorar la intensidad de los síntomas y, cuando sea necesario, derivar al médico, forman parte de un abordaje integral del síndrome del intestino irritable en el que la farmacia comunitaria puede desempeñar un papel clave.