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Cómo prevenir las infecciones respiratorias en la vuelta al cole
Con el regreso a las aulas aumenta el contacto entre niños y también la circulación de virus respiratorios. Algunas medidas sencillas pueden ayudar a reducir el riesgo de contagio.
Escrito porRedacción MF
Publicado: 11 septiembre 2026
La vuelta al cole supone recuperar horarios, actividades y muchas horas de convivencia con otros niños. Durante este periodo es frecuente que aumenten los catarros, la tos, el dolor de garganta y otras infecciones respiratorias, especialmente entre los más pequeños.
El contacto estrecho en las aulas, los juegos compartidos y estar durante varias horas en espacios cerrados facilitan la transmisión de los virus. Por eso, adoptar algunos hábitos de prevención puede ayudar a disminuir los contagios tanto en el colegio como en casa.
Higiene de manos y hábitos respiratorios
Lavarse las manos con frecuencia es una de las medidas más útiles para evitar la propagación de infecciones. Los niños deben acostumbrarse a hacerlo antes de comer, después de ir al baño, al llegar a casa y después de sonarse la nariz, toser o estornudar.
También es importante enseñarles a cubrirse la boca y la nariz con un pañuelo desechable cuando tosen o estornudan. Si no tienen uno a mano, pueden hacerlo con la parte interna del codo.
En este sentido, otros hábitos sencillos que pueden ayudar son:
- Evitar compartir botellas de agua, vasos, cubiertos o toallas.
- Procurar no tocarse los ojos, la nariz o la boca con las manos sucias.
- Utilizar pañuelos desechables y tirarlos después de cada uso.
- Limpiar con cierta frecuencia los objetos que se manipulan habitualmente.
- Recordar estas medidas de forma sencilla para que los niños puedan incorporarlas a su rutina.
No se trata de eliminar por completo el contacto con los microorganismos, algo imposible en el día a día, pero sí de reducir algunas de las situaciones que facilitan su transmisión.
Ventilar los espacios cerrados
En las aulas, habitaciones y otros lugares donde permanecen varias personas durante mucho tiempo, abrir las ventanas de manera periódica ayuda a renovar el aire.
Este pequeño hábito puede ayudar a reducir los contagios durante los meses en los que aumentan las infecciones respiratorias. Siempre que sea posible, también puede ser recomendable favorecer las actividades al aire libre.
Mantener las vacunas al día
Las vacunas ayudan a prevenir determinadas enfermedades infecciosas y, en algunos casos, reducen el riesgo de presentar complicaciones. Las recomendaciones pueden variar según la edad, los antecedentes médicos y otros factores, por lo que las familias pueden consultar sus dudas con los profesionales sanitarios.
También es importante recordar que los niños con asma, enfermedades respiratorias crónicas u otros problemas de salud pueden necesitar una atención especial durante los meses de mayor circulación de virus.
Descanso y alimentación
La prevención también pasa por mantener unos hábitos saludables. Después de las vacaciones puede costar recuperar los horarios habituales, por lo que resulta útil adelantar progresivamente la hora de acostarse durante los días previos al comienzo de las clases.
Dormir las horas necesarias, seguir una alimentación variada, beber suficiente agua y realizar actividad física contribuyen al bienestar general del niño.
¿Qué hacer si el niño presenta síntomas?
La presencia de mocos o una tos leve es frecuente durante el curso escolar. Sin embargo, cuando el niño no se encuentra bien es importante valorar su estado general antes de llevarlo al colegio.
Puede ser recomendable que permanezca en casa cuando presenta:
- Fiebre.
- Malestar general importante.
- Cansancio o decaimiento que le impiden seguir su actividad habitual.
- Vómitos repetidos o dificultades para beber líquidos.
- Síntomas respiratorios intensos.
Además de favorecer su recuperación, evitar el contacto con otros niños durante los momentos de mayor malestar puede reducir la transmisión de la infección. En estos casos en los que los síntomas son leves, acudir a la farmacia puede ser un buen primer punto de partida. El farmacéutico puede orientar sobre medidas de higiene, cuidados para aliviar las molestias y productos adecuados según la edad del niño, además de recomendar acudir al pediatra cuando los síntomas necesitan una valoración médica.