Atrás ¿Cómo adaptar el lenguaje en la farmacia para mejorar la comunicación con las personas con Asperger?

¿Cómo adaptar el lenguaje en la farmacia para mejorar la comunicación con las personas con Asperger?

El uso de un vocabulario sencillo y una reducción de los estímulos sensoriales en el entorno son las pautas principales para atender a los pacientes con esta patología.

¿Cómo adaptar el lenguaje en la farmacia para mejorar la comunicación con las personas con Asperger?

Escrito porRedacción MF

Publicado: 18 febrero 2026

En la farmacia, donde la comunicación es la principal herramienta asistencial, un mensaje ambiguo, una explicación apresurada o un cambio inesperado pueden generar una gran inseguridad en determinados pacientes. Esto sucede con frecuencia en personas con síndrome de Asperger, incluido dentro de los trastornos del espectro autista (TEA). Se trata de un trastorno del desarrollo que afecta principalmente a la comunicación y a la interacción social. Las personas que lo presentan pueden tener dificultades para relacionarse y expresarse, lo que complica su vida social y también su paso por la farmacia comunitaria. En este entorno, una explicación ambigua o un cambio inesperado pueden generar confusión o ansiedad.

Cuando el farmacéutico comunitario atiende a un niño o a un adulto con síndrome de Asperger, es necesario ajustar la forma de comunicarse. No se trata de cambiar el contenido sanitario, sino de modificar la manera en que se transmite. Una actitud comprensiva y un lenguaje adaptado facilitan que el paciente entienda mejor la información y se sienta más cómodo durante la atención.

En el mostrador, pequeños detalles marcan la diferencia: cómo se formulan las instrucciones, cuántas opciones se ofrecen o cómo se interpreta el comportamiento del paciente.

Comunicación y rutinas, clave

Una de las normas básicas es emplear un lenguaje claro y literal. Las personas con Asperger necesitan mensajes directos. Si se utilizan frases indirectas, dobles sentidos o metáforas, no siempre completarán el significado implícito. Por eso, conviene expresar deseos e indicaciones con palabras concretas. En lugar de dar algo por supuesto, es preferible explicarlo de forma explícita, aunque parezca evidente.

Al dar instrucciones sobre un tratamiento, hay que hacerlo de manera sencilla y estructurada e indicando cada paso sin ambigüedades. En el caso de niños, el apoyo visual con dibujos o imágenes puede ayudar a reforzar la comprensión. Además, hay que evitar plantear demasiadas alternativas a la vez, ya que la toma de decisiones puede resultarles difícil. Si se necesita ofrecer opciones, es mejor reducirlas y presentarlas.

La rutina es otro elemento importante. Muchas personas con Asperger se sienten más seguras en entornos estructurados y predecibles. En la farmacia, esto puede traducirse en mantener una dinámica clara en la atención. Si va a producirse algún cambio, por ejemplo, un retraso o la necesidad de volver otro día, es recomendable avisar con antelación y explicar qué ocurrirá, ya que las sorpresas o modificaciones repentinas pueden aumentar la ansiedad.

Sensibilidad a los estímulos sensoriales

El entorno físico tampoco debe pasarse por alto. Es frecuente que exista una mayor sensibilidad a estímulos sensoriales como ruidos intensos, luces brillantes u olores fuertes. Estar atento a signos de incomodidad y, cuando sea posible, reducir estos estímulos contribuye a mejorar la experiencia en la farmacia.

También conviene recordar que pueden necesitar momentos de aislamiento. La soledad funciona a menudo como una vía para ordenar pensamientos y reducir la tensión, especialmente en situaciones que les generan ansiedad.

Por último, no hay que interpretar automáticamente el tono de voz o la expresión facial como reflejo fiel de su estado interno. Estos indicadores externos pueden no coincidir con lo que realmente sienten. Si existen dudas, preguntar de forma directa y respetuosa suele ser bien aceptado y les brinda la oportunidad de aclarar lo que piensan o necesitan.