Probióticos: entre mitos y realidades
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Probióticos: entre mitos y realidades
Los probióticos son cada vez más populares, pero su eficacia y beneficios reales generan muchas dudas. Conocer qué hay de cierto y cómo seleccionarlos es clave para ofrecer un consejo fiable a los pacientes.
Escrito porRedacción MF
Publicado: 16 diciembre 2025
El intestino humano es un órgano complejo: además de encargarse de la digestión y de absorber los nutrientes necesarios para el organismo, también juega un papel esencial en la regulación del sistema inmunitario, responsable de hasta el 80% de nuestras defensas.
Asimismo, se ha demostrado que el intestino mantiene una conexión directa con otros órganos a través de lo que se conoce como el eje intestino-cerebro. Estudios recientes indican que las personas que tienen un microbioma equilibrado podrían tener un mejor estado de ánimo, más concentración y mejor bienestar general.
En la microbiota intestinal viven hasta cientos de billones de bacterias, repartidas en múltiples cepas con funciones muy distintas. Cuando se sigue una dieta poco equilibrada, se tiene estrés o se toman ciertos medicamentos, este ecosistema puede ver alterado su equilibrio, produciéndose lo que los expertos llaman disbiosis. Esta situación interfiere en la digestión, la energía, el metabolismo, la piel e incluso en la aparición de alergias.
Mitos y realidades sobre los probióticos
Los probióticos, como complemento, buscan restaurar ese equilibrio, aportando bacterias beneficiosas que refuercen la diversidad y estabilidad del microbioma. Sin embargo, el auge del consumo de probióticos ha dado lugar a numerosos mitos que desde la farmacia se puede ayudar a desmontar:
- Todos los probióticos son iguales: la creencia de que cualquier producto tiene el mismo efecto es falsa. Cada cepa tiene características distintas, y no todas logran sobrevivir al tránsito intestinal ni colonizar el intestino. La eficacia de un probiótico depende de la selección cuidadosa de las cepas, la cantidad de microorganismos y el envase que los protege. Productos de baja calidad o extremadamente baratos no garantizan resultados.
- El ácido del estómago destruye los probióticos: aunque es cierto que el ambiente gástrico puede ser dañino para los probióticos, muchas bacterias beneficiosas, como algunas bifidobacterias y lactobacilos, son resistentes al ácido y llegan vivas al intestino, donde pueden ejercer su acción.
- Los alimentos fermentados aportan suficientes bacterias: yogur, chucrut o kimchi son algunos de los alimentos ricos en probióticos, pero generalmente pocas cepas y en cantidades limitadas. Además, muchos productos comerciales están pasteurizados, lo que elimina la mayor parte de microorganismos. Para obtener un aporte significativo, los probióticos deben ofrecer cientos de miles de millones de unidades formadoras de colonias (UFC), un nivel que no se consigue con la dieta diaria.
- El microbioma intestinal no influye en la salud general: investigaciones recientes demuestran lo contrario. Desde estudios sobre alergias hasta experimentos con modelos animales, queda claro que tener un microbioma saludable está vinculado con la respuesta inmunitaria, la digestión, la energía y la salud metabólica.
- Los probióticos producen efectos inmediatos: a pesar de la publicidad que sugiere resultados rápidos, la realidad es que los probióticos actúan de manera gradual. El microbioma intestinal contiene billones de bacterias, por lo que los cambios sostenibles requieren semanas o incluso meses y siempre que se haga de manera continuada. Algunos pacientes pueden notar mejoras digestivas en la primera semana, pero los beneficios más relevantes aparecen a medio y largo plazo.
Claves para elegir un buen probiótico
Desde el mostrador se pueden dar algunas pautas a los pacientes a la hora de elegir los probióticos. Conviene evaluar varios aspectos en ellos como:
- Número y diversidad de cepas: un buen producto incluye varias decenas de cepas diferentes, intentando reproducir la diversidad de un microbioma sano.
- Cantidad de bacterias: se recomienda que contenga al menos 20.000 millones de unidades formadoras de colonias (UFC), ya que cantidades menores son insuficientes frente a la magnitud del microbioma intestinal.
- Apoyo a la mucosa intestinal: la mucosa es el sustrato donde las bacterias colonizan. Ingredientes como la biotina o prebióticos ayudan a que los microorganismos se establezcan y ejerzan su efecto.
- Envase que proteja las bacterias: blísteres individuales de aluminio mantienen la humedad y el oxígeno alejados de las cápsulas, garantizando que las bacterias lleguen vivas al intestino. Los envases grandes o de plástico, aunque prácticos, pueden comprometer la viabilidad de los microorganismos.
- Certificación y buenas prácticas de fabricación (BPF): debido a la ausencia de regulación estricta, la certificación de BPF asegura que el producto cumple estándares de calidad y consistencia en la producción.
Los probióticos no son un remedio milagroso, pero sí pueden contribuir al equilibrio del microbioma intestinal y, con ello, al bienestar general. Su eficacia depende de la selección de cepas, la dosis adecuada y el tiempo de consumo. Para los farmacéuticos, conocer los mitos y la evidencia científica permite orientar a los pacientes de manera responsable, evitando expectativas irreales y promoviendo un uso informado y seguro de estos complementos.